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¿Cómo prevenir y tratar las rozaduras de zapatos en los pies?

No hay nada más molesto que el que no salga una rozadura o, peor aún, una ampolla en el pie; unos zapatos nuevos, la costura del calcetín o no llevar el calzado adecuado son algunas de las razones detrás de estas heridas que nos pueden fastidiar durante unos cuantos días, haciendo el andar o la práctica de deporte algo doloroso.

Desde Markaroli os traemos unos cuantos consejos para prevenir su aparición y cómo tratarlas si finalmente aparecen.

¿Por qué salen rozaduras y ampollas en los pies?

Para poder prevenir algo, antes debemos saber cuál es la causa que lo provoca. En el caso de las rozaduras y las ampollas, la principal razón de su aparición es el roce o la fricción continua de la piel contra el calzado, especialmente cuando andamos durante un largo período de tiempo o estrenamos calzado. También pueden producirse por el roce piel contra piel, provocando que estas heridas se produzcan entre los dedos de los pies.

Así, dependiendo de en dónde se produzca el roce, será donde aparezcan las rozaduras y las ampollas; estas últimas no son más que un mecanismo de defensa del cuerpo para proteger la parte interna de la piel, de ahí que se llenen de líquido. Lo más habitual es que salgan en el arco plantar, en el talón y en algunos casos en los dedos (especialmente si usamos un calcetín con costuras gruesas).

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Primer paso, reconocer los síntomas

El primer paso para atajar la aparición de estas molestas heridas, es reconocer los síntomas previos. Como ocurre con las enfermedades, la inminente aparición de una rozadura o una ampolla en el pie se puede detectar.

La primera señal es sentir una molestia en alguna zona concreta del pie, por ejemplo, si el borde del calzado o una costura nos roza continuamente la parte superior del talón, lo vamos a notar pasados unos minutos andando con él e ignorarlo solo acabará por terminar de producir la lesión.

Otras señales claras de la próxima aparición de rozaduras o ampollas es el calor intenso y enrojecimiento de la zona afectada o el ablandamiento y levantamiento de la piel, indicador claro este último de que la ampolla ya se ha formado.

Ante la aparición de estas señales, lo mejor que podemos hacer es dejar de usar el calzado que las provoca si es posible. Y si no lo es, recurrir a una tirita con la que cubrir la zona afectada para evitar que se siga produciendo fricción en ella.

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Segundo paso, prevenir

Sin embargo, antes de llegar al punto en que somos conscientes de que se está desarrollando una rozadura o una ampolla en nuestro pie, hay algunas cosas que podemos hacer para prevenir su aparición.

Si se trata de calzado recién comprado y a estrenar, antes de someterlo a un largo período de tiempo andando con él, puedes ponerte esos nuevos zapatos en casa y andar con ellos un rato cada día durante varios días. De esta manera irán cogiendo la forma de tu pie y ensanchándose donde sea necesario. Si te pones calcetines para ello, podrás acelerar un poco el proceso. También puedes acudir a tu zapatero y pedir que te ensanche el zapato él, normalmente cuenta con herramientas y productos profesionales para ello.

En el caso de zapatos de piel, puedes hidratarlos previamente para ablandar sus costuras. Para ello, puedes aplicar crema hidratante sobre las costuras unos días antes de ponértelos y así se irán reblandeciendo y volviendo más suaves, evitando que te rocen cuando te los pongas.

Si el tipo de zapato lo permite, es muy recomendable que utilices calcetines con ellos, incluso en verano, mejor si son calcetines sin costuras. Para zapatos más formales, puedes recurrir a los pinkies o calcetines invisibles. La cuestión es poner una capa más de protección entre la piel de tus pies y el material del zapato o sus costuras y evitar un roce directo.

Como ya os comentamos en nuestro post sobre cómo limpiar unas sandalias de piel, si no vais a poneros vuestros zapatos o menorquinas durante un largo período de tiempo, para que no pierdan la forma, podéis colocarles los cartones con los que venían o incluso rellenarlos con papel de periódico.

También puedes prevenir la aparición de rozaduras o ampollas aplicando algunos cuidados a tus pies. Por un lado, es muy recomendable que los mantengas hidratados usando una crema hidratante ligera sobre la planta del pie, el talón y el empeine, especialmente durante los meses de verano. Así conseguirás que la piel sea más elástica y resistente, además de evitar que aparezcan grietas en los talones.

Por otro lado, si te suelen salir ampollas en determinadas zonas de los pies, puedes prevenirlas aplicando sobre ellas vaselina durante unos días antes de ponerte el calzado en cuestión. Así mismo, puedes recurrir a algunos productos específicos, como rolones antirrozaduras y/o antiampollas, que puedes aplicar antes de usar el calzado, o tiritas antirrozaduras o incluso colocar una sencilla tirita donde sabes que te roza el zapato.

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Si no has podido prevenir, toca curar

Sin embargo, y aunque el calzado menorquín de Markaroli está hecho con los mejores materiales y un cuidado proceso de fabricación, si no escogemos la talla adecuada o estrenamos nuestras menorquinas con una larga caminata, es muy posible que acabemos con una incómoda rozadura o ampolla. Cuando eso ocurre, hay que tratar la lesión de manera adecuada para no agravarla.

Para rozaduras

En el caso de las rozaduras debes lavar la zona con agua templada y jabón, asegúrate que aclaras la zona con abundante agua. Seca bien con gasas y para ayudar a curar, puedes usar clorhexidina o povidona yodada (consulta con tu farmacéutico la mejor opción si lo prefieres). Tapa la rozadura con gasa antiadherente y cubre esta con esparadrapo de papel para que haya una mejor transpiración (vas a querer evitar en lo posible las tiritas, para que el adhesivo no se pegue en la herida).

También puedes preguntar en tu farmacia por apósitos para curar rozaduras, diseñados para curar la herida durante el tiempo en que debes llevarlo puesto.

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En caso de ampollas

Para las ampollas, si no es muy grande, puedes cubrirla con una gasa y dejar que se cure sola. Pero si te molesta para andar o es muy grande y te produce dolor, tendrás que abrirla y drenarla, ojo, sin quitar la piel, puesto que eso podría empeorar la situación provocando alguna infección.

Para drenar la ampolla, utiliza una aguja desinfectada para pincharla con cuidado y dejar salir el líquido y así disminuir su tamaño. Después aplica desinféctate en la zona, como yodo. En este caso, puede ser recomendable acudir al médico para que te drenen la ampolla o si la situación no mejora después de haberlo hecho tú.

Si por alguna razón, la ampolla se revienta sola y se queda al descubierto (es decir, sin piel), habrá que limpiar la zona, desinfectarla y colocar un apósito específico para cubrir completamente la zona lesionada (nuevamente, evitar usar tiritas adhesivas que puedan pegarse en la zona dañada, ya que al quitarla podría empeorar la herida).

Finalmente, como con las rozaduras, en la farmacia podéis preguntar por apósitos específicos para curar ampollas, estos se colocan sobre ellas y se dejan actuar hasta que acaban cayéndose solos cuando la ampolla está curada.

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